Cada comida en Pristine Camps es una invitación a descubrir el norte argentino a través de sus sabores. Desde el pan casero recién horneado hasta el aroma del café de altura, todo parte de una idea simple: cocinar con lo que ofrece la tierra, sin prisa y con respeto.
Los productos llegan de pequeños productores de la región: la quinua cultivada a más de 3.000 metros, las verduras de huertas familiares, los quesos de cabra elaborados artesanalmente. La cocina combina tradición y creatividad: tamales envueltos en hojas frescas, carnes al horno de barro, infusiones con hierbas del altiplano.
Las cenas se sirven al aire libre, bajo un cielo inmenso y silencioso. Los visitantes comparten historias alrededor del fuego, mientras el chef explica el origen de cada plato. No hay menú fijo; se cocina según la estación y la inspiración del día.
Más que una experiencia gastronómica, es una forma de conectar con la cultura y las personas que dan vida al paisaje. En cada bocado, el visitante entiende que el lujo no está en lo exótico, sino en lo auténtico.