Despertar en Pristine Camps es una experiencia en sí misma. El primer sonido no viene de una alarma, sino del viento suave entre los cerros. Desde la cama, la luz del amanecer se filtra por los ventanales del domo, pintando el interior con tonos dorados. Afuera, el silencio del desierto se mezcla con el canto de las aves.
Después del desayuno —preparado con productos locales y frutas de estación—, comienza la jornada al aire libre. Las caminatas guiadas al mirador son una de las actividades favoritas: un recorrido que combina historia, geología y paisajes que parecen de otro planeta. Para los más aventureros, hay opciones de trekking más extensos o paseos en bicicleta por senderos que atraviesan formaciones naturales y comunidades rurales.
Al regresar, nada mejor que un baño relajante en la terraza privada del domo o una siesta en la hamaca, bajo la sombra de un algarrobo. Por la tarde, se pueden visitar los talleres de artesanos locales o participar de una degustación de vinos de altura. Todo está pensado para conectar con el entorno sin apuro.
Cuando cae la noche, el cielo se convierte en el verdadero protagonista. Pristine Camps ofrece sesiones de observación astronómica, donde el guía comparte historias de las constelaciones y leyendas del norte argentino. No hay contaminación lumínica, así que la Vía Láctea brilla con una intensidad que cuesta olvidar.
Tips para viajeros
- Traé abrigo: aunque los días son cálidos, las noches pueden ser frías.
- Usá protector solar y sombrero durante las caminatas.
- Desconectá del celular: la mejor conexión en Pristine Camps es con el entorno.
- Probá los sabores locales: desde la quinua salteña hasta los dulces de cayote y nuez.